En este momento deja que Dios ministre tu vida, entrégale tus cargas, problemas, ansiedades y permítele que Él llene todo tu ser de su presencia y de su amor.
No olvides su promesa, Él es Tu Pastor y NADA te faltará...
Aunque veas que las puertas se cierran y que no hay esperanza, Él está ahí.
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